Yolanda Ruiz, una periodista ‘En el filo de la navaja’

Crédito de foto: Especial para 90 minutos.co

Han sido casi 35 años en los que Yolanda ha narrado, ha sufrido y ha llorado. Tres décadas llevando información a los colombianos. Tres décadas en las que ella también se ha cuestionado y se ha preguntado el papel que deben cumplir los periodistas. Yolanda Ruiz es una profesional respetada, en un gremio cada vez más fustigado y más dado al periodismo show que a la búsqueda de la verdad.

La directora nacional de RCN Radio mira a los ojos, es franca, sencilla, fiel a la calidad de la gente de su tierra. Esta pastusa tiene la misma fluidez para hacer análisis en radio, realizar informes en televisión y escribir con gran destreza y claridad. Convertida en una suerte de faro moral para sus colegas, Yolanda es reconocida por su seriedad, equilibrio y profundidad periodística.

Después de tantos años en el bendito oficio, Yolanda decidió escribir un libro. Su nombre no podía ser mejor: ‘En el filo de la Navaja’. En siete capítulos, la periodista entrega una clase sobresaliente del ejercicio de reportería. Pero también plantea dilemas, hace una retrospectiva de su trabajo y algo aún más especial: su libro es una mirada de país, un viaje a lo profundo de una nación que no termina de asombrarse de sí misma. 

“Mi libro cuenta mucho detalle de cómo se hace periodismo, de cómo se cocinan las noticias, como decimos coloquialmente, pero escogiendo episodios que muestran un poquito de lo que significa la ética del periodismo, porque yo quiero llamar la atención sobre ese tema”, explica la comunicadora que estuvo en Cali para la Feria Internacional del Libro y habló con el Noticiero 90 Minutos sobre sus reflexiones periodísticas.

Este legado que deja Yolanda a través de su obra no fue fácil de construir. Reconoce que hacer reflexiones éticas alrededor del periodismo no es tarea sencilla, pero de alguna manera fue la oportunidad de hacer una retrospectiva de país y de su propia actividad profesional.

Y es que la escogencia de los temas fue dispendiosa, por tantos acontecimientos a lo largo de estas décadas. Pero lo que quedó plasmado no son solo reflexiones e historias periodísticas sino punzadas al corazón de ese lector que comienza a entender la realidad de un país que ha vivido en medio del drama. Tal vez por eso Yolanda, para describir este permanente fragor noticioso que vive el país, acude al escritor Ricardo Silva Romero, quien propone que en Colombia se cree un nuevo cargo, el de Psiquiatra General de la Nación.

Basta darle una hojeada al libro para entender eso que plantea la periodista. Allí en esas trepidantes páginas están consignados los recuerdos de una novata comunicadora que debe enfrentarse a una entrevista con uno de los más sanguinarios narcotraficantes, Pablo Escobar. Un diálogo que paradójicamente nunca fue publicado en su totalidad y que, aún hoy, Yolanda no logra explicarse por qué se quedó enmochilado. También están presentes las preguntas y las dudas que ella misma se plantea. ¿Cómo abordarle el tema de su hijo a Clara Rojas, cuando apenas respiraba libertad? ¿Qué decirle a una consagrada periodista que reconoce haber sido violada y que revela su miedo a decir el nombre del responsable? ¿Cómo responder cuando un expresidente le cuelga el teléfono al aire? ¿Cómo manejar la tentación de caer en el periodismo espectáculo? ¿Y qué hacer para que el periodista no se transforme en un show-man?

Pero, cuidado, tampoco es un manual de ética periodística y Yolanda sabe que en este oficio no hay fórmulas magistrales, por eso no es una ‘biblia’ ni una doctrina. Son puras reflexiones de una mujer que ha intentado dignificar esta profesión y que sabe que el respeto de sus oyentes se lo ha ganado a pulso sin sucumbir a los egos que abundan en esta actividad.

Por eso también tiene claro que ella puede indagar, preguntar, convertirse en los ojos de una sociedad que requiere información, pero nunca podrá dictar sentencia desde un micrófono porque ese no es su papel. Enseñanzas de una profesional que no se cree más de lo que es y que deja una última lección: “No somos dioses, no somos nada, somos arrogantes como gremio y me parece que debemos vernos un poco más como todo el mundo”.

 

Yolanda, son muchos de experiencia periodística, ¿por qué decide emprender esta tarea de construir ‘En el filo de la navaja’? 

Primero contarles que el libro cuenta historias, secretos y también las decisiones humanas que hay detrás de las noticias. De eso se trata justamente ‘En el filo de la navaja’. Diría que son crónicas tomadas de una historia periodística de más de 30 años, yo llevo 34 años en el oficio y cuando decidí escribir el libro escogí las historias que marcaron un ante y un después en mi carrera o que representaron retos desde el punto de vista humano o desde el punto de vista ético. Mi libro cuenta mucho detalle de cómo se hace periodismo, de cómo se cocinan las noticias, pero escogiendo episodios que muestran un poquito de lo que significa la ética del periodismo, que es hacia lo que yo quiero llamar la atención. El periodismo es difícil, no se hace de manera sencilla y los periodistas somos humanos, nos equivocamos, pero también a veces acertamos, de eso habla ‘En el filo de la navaja’.

Justamente en ese análisis que hace en su libro, ¿qué percibe que ha cambiado de ese periodismo que usted comenzó hace 34 años y el que se hace en la actualidad?

La tecnología definitivamente. En el libro cuento la historia de cómo en la sala de redacción de la revista Cromos pasamos de las máquinas de escribir a los computadores y eso fue toda una locura. Te cuento algo gracioso, al principio un colega prefería escribir en la máquina de escribir, corregir y luego sí pasarlo al computador. A todos nos costó trabajo, pero hoy siento que ver la transición ha sido apasionante. La tecnología ha cambiado mucho y ni qué decir de tener ahora en las redes sociales la posibilidad de mandar fotos, videos, todo el material, de aprender un montón de lenguajes para poder informar. Es que ya no eres solo periodista de radio, ahora tienes que saber tomar una fotografía, montar un video y comunicar eso me parece apasionante. Ahora, atención que la esencia del periodismo se debe mantener, pero la tecnología nos ha abierto un espacio enorme.

Hay una gran tendencia de muchos periodistas de cobrar protagonismo en redes sociales y sostener intensos debates, incluso con tonos personales, especialmente con políticos. ¿Cuál es su posición frente al periodismo-show que ha tomado un gran protagonismo?

Me preguntan mucho sobre periodismos y redes sociales, lo que yo creo es que el periodismo debe mantenerse en su esencia sin importar en que plataforma se ponga, llámese televisión, radio, prensa. ¿Y a qué me refiero con preservar esa esencia? Pues a hacer reportería, confirmar datos, contrastar información, dar contexto porque eso es lo que fortalece el trabajo periodístico. Ya lo que corresponde a las batallas públicas con las fuentes pues no le veo necesidad a ese tipo de choques. Otra cosa que es muy distinta es la censura, que se presenta hoy y se ha puesto muy de moda a través de la persecución judicial, por ejemplo, y allí cómo no, tenemos que estar unidos todos para defender la libertad de prensa, por supuesto. Entonces, con la fuente ni tan cerca ni tan lejos. Ni tan cerca que nos impida ver lo que tenemos que ver ni tan lejos que nos impida llegar a la información. Debemos llegar al punto medio, por eso este libro se llama ‘En el filo de la navaja’.

Uno de los aspectos cruciales de su libro es el tratamiento de las víctimas. ¿Qué debe primar a la hora de abordar a personas que han sufrido abusos en este país, lo que desafortunadamente es más común de lo que uno quisiera?

Para mí todo se resume en una palabra que es el respeto. Como periodista tienes acceso a unos escenarios que otras personas no pueden llegar, pero no se puede abusar de esa posibilidad y cuando estamos frente a una víctima lo primero es ver a esa víctima como un ser humano, como una persona, básicamente, y respetar hasta dónde esa persona quiere abrirme su vida, su historia y no ir hasta más allá de lo que ella permita. Respeto y límite me parece que es lo crucial.

Su libro, sin duda, es un legado para las futuras generaciones periodísticas, ¿qué consejo les deja a esos chicos que hoy atraviesan por tantas dudas por el futuro de los medios de comunicación?

Yo le diría los muchachos que sigan soñando, que los sueños hay que perseguirlos, que no importa lo que les digan y eso aplica para los que quieren estudiar periodismo, pero también arte o literatura, lo que sea, mejor dicho es para todos a los que les dicen ‘que para qué estudian eso’. En el caso de los periodistas, mi recomendación es que lean mucho, que se documenten, que ingresen mucha información en el ‘disco duro’ porque de lo contrario no lo van a lograr y que definitivamente hay que estar en la era digital, pero sin perder la esencia de lo que es el periodismo, haciéndolo con responsabilidad.

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